El profesional certificado por UPAV en valuación “agropecuaria y peritación ambiental” cuenta con el reconocimiento técnico para desempeñar los trabajos relacionados con este extenso y complicado ámbito laboral. El agro, en su concepción más extensa y plural, cada día incrementa su valor como consecuencia de la demanda de productos destinados a la alimentación de personas y ganado, generador de recursos forestales directos, ubicación para instalaciones energéticas y sumideros de CO2, todo ello enmarcado en una creciente preocupación, y ocupación, por el medioambiente.
Acometer pericias en procesos relacionados con el ámbito agrario, pecuaria, forestal y peritación ambiental son una constante para multitud de finalidades, en ocasiones ajustadas a normativas nacionales y/o internacionales, mientras que en otras el valuador gozará de un mayor nivel de autonomía; pero siempre ajustándose a los principios y enfoques que la Valoración pone a su disposición.
La dinámica del mercado de suelo rural es cada día mayor; pues mayor es la demanda de productos, con lo que la reconversión del suelo agrario con nuevos cultivos y aprovechamientos, puestas en regadío, introducción de tecnologías avanzadas en las labores a desarrollar, facilidad en la comercialización de productos, avances en genética, … unidas al incremento en la sensibilidad ambiental de la sociedad, acrecienta la complejidad en el avalúo. Finalidades valuatorias que se complementan con dos grandes nichos de actividad como son los procesos expropiatorios en suelo rural, destinados entre otros objetivos a la construcción de infraestructuras, y el desarrollo de ciudad en los suelos rurales periféricos a los núcleos urbanos existentes.
Los valuadores certificados por UPAV están reconocidos como profesionales con los conocimientos y experiencias necesarias para acometer estos trabajos sobre la base de conocimientos y experiencias previas, con independencia, objetividad y confidencialidad, enmarcadas en un comportamiento altamente ético y responsable
Calidad en procesos valuatorios
La calidad en los procesos valuatorios implica el establecimiento de procedimientos normalizados que aseguren la precisión, trazabilidad y verificabilidad de las valoraciones. El valuador debe conocer los sistemas de control de calidad, auditoría técnica y mejora continua aplicables al ámbito de la valoración, garantizando que los resultados cumplan con los estándares exigidos por organismos profesionales y reguladores.
Asimismo, la competencia incluye la documentación rigurosa de las fuentes, métodos y juicios empleados, de manera que cualquier revisión o supervisión pueda reproducir el proceso y validar las conclusiones. La gestión de la calidad es, por tanto, un componente esencial para la credibilidad institucional y la confianza del usuario en el producto valuatorio.
Concepto de valor y de bien. Clases de valores.
El conocimiento del concepto de valor y de bien constituye la base teórica de toda actividad valuatoria. El valuador debe comprender la diferencia entre el valor como estimación económica y el bien como objeto susceptible de valoración, identificando las distintas categorías de bienes según su naturaleza jurídica, física y económica. Esta competencia incluye el análisis del valor desde la perspectiva del intercambio, la utilidad y la escasez, así como el reconocimiento de los diferentes tipos de valor aplicables según el contexto.
Asimismo, el profesional debe dominar las diversas clases de valores empleadas en la práctica (valor de mercado, de inversión, de uso, de reemplazo, asegurado, hipotecario, entre otros), entendiendo su propósito, alcance y las hipótesis subyacentes. Esta comprensión permite seleccionar con criterio el tipo de valor adecuado para cada finalidad, garantizando la coherencia técnica y conceptual del trabajo valuatorio.
Referencias
- www.ivsc.org
Criterios y principios en Valoración
El valuador debe dominar los principios rectores de la valoración: finalidad, base de valor, hipótesis, independencia, transparencia y trazabilidad. Estos principios constituyen el marco que orienta la elaboración y revisión de todo informe valuatorio. Conocerlos y aplicarlos de manera coherente es esencial para garantizar la calidad y uniformidad de las valoraciones profesionales.
Asimismo, la competencia abarca la correcta formulación de los criterios técnicos utilizados en la práctica: homogeneidad, proporcionalidad, prudencia y consistencia. El tasador debe justificar las decisiones adoptadas en cada fase del proceso, asegurando la congruencia entre los métodos aplicados, las hipótesis asumidas y las conclusiones presentadas.
Derechos, deberes y limitaciones sobre los bienes. Influencias en el valor
El valuador debe conocer el régimen jurídico de los derechos reales y personales que recaen sobre los bienes, así como las limitaciones administrativas, urbanísticas y medioambientales que afectan a su uso o disposición. Comprender la naturaleza de estos derechos y restricciones es fundamental para determinar el valor real de un activo y sus posibles riesgos.
Además, esta competencia requiere identificar cómo dichas limitaciones inciden en la utilidad, la transferibilidad y la generación de ingresos del bien. Un análisis jurídico-económico completo permite al valuador reflejar con precisión las condiciones de mercado y asegurar que su estimación sea legalmente válida y técnicamente justificada.
Enfoques valuatorios
El dominio de los enfoques valuatorios es esencial para la correcta estimación del valor de cualquier activo. El valuador debe comprender los tres grandes enfoques reconocidos internacionalmente —mercado, ingresos y coste—, sus fundamentos teóricos y su relación con las normas de valoración. Cada enfoque debe ser aplicado conforme a su lógica económica y con una adecuada justificación metodológica.
Asimismo, el profesional debe ser capaz de integrar más de un enfoque cuando las circunstancias del caso lo aconsejen, ponderando los resultados obtenidos de acuerdo con la calidad y relevancia de la información disponible. Esta competencia fortalece la capacidad crítica del valuador y refuerza la credibilidad de sus conclusiones ante usuarios y organismos supervisores.
Estudios de mercado y tratamiento de muestras
El valuador debe poseer la capacidad de diseñar y ejecutar estudios de mercado que permitan identificar, seleccionar y analizar información comparable y representativa. Esta competencia incluye el conocimiento de técnicas estadísticas básicas, el manejo de bases de datos y la interpretación crítica de los resultados obtenidos.
Asimismo, el tratamiento de muestras requiere discernir entre la información relevante y la anecdótica, considerando la fiabilidad, actualidad y homogeneidad de los datos. El objetivo es garantizar que la estimación de valor se sustente en evidencia empírica y que refleje adecuadamente el comportamiento del mercado en el ámbito temporal y geográfico correspondiente.
Los bienes de titularidad pública
Esta competencia abarca el conocimiento de los bienes de dominio público, demaniales y patrimoniales del Estado, así como las limitaciones que afectan a su valoración. El valuador debe comprender las particularidades jurídicas de los bienes públicos, sus restricciones de uso y enajenación, y la normativa que regula su administración y registro.
También implica la capacidad de aplicar métodos de valoración acordes con la naturaleza del bien, su función pública y su grado de afectación al interés general. El profesional debe distinguir entre la valoración económica, la contable y la de gestión patrimonial, garantizando que el valor estimado refleje de manera adecuada la finalidad administrativa o social del bien.
Normas internacionales de valuación (IVS)
El conocimiento y la aplicación de las Normas Internacionales de Valoración (IVS) constituyen un elemento esencial para la práctica profesional moderna. El valuador debe familiarizarse con los principios, definiciones y estándares de elaboración de informes que establecen los IVS, asegurando la consistencia, comparabilidad y credibilidad de los resultados en el ámbito internacional.
Además, esta competencia requiere la comprensión de la relación entre las normas internacionales y las disposiciones nacionales o sectoriales, identificando sus puntos de convergencia y diferencia. El profesional debe ser capaz de justificar la adopción de un determinado marco normativo y aplicarlo con rigor, manteniendo la independencia y la ética profesional
Teorías del valor. La formación del valor.
El valuador debe conocer las principales teorías del valor desarrolladas a lo largo de la historia económica —desde las concepciones clásicas hasta las aproximaciones marginalistas y modernas—, entendiendo cómo influyen en la formación del precio y en la determinación del valor económico de los bienes. Esta competencia permite fundamentar teóricamente el juicio profesional y situar la valoración dentro de un marco conceptual sólido.
Además, el especialista debe ser capaz de interpretar los factores determinantes de la formación del valor, tales como la oferta, la demanda, la utilidad, el riesgo, el tiempo y las expectativas del mercado. Ello le permite comprender la dinámica de los valores en contextos cambiantes y aplicar modelos coherentes con la realidad económica observada.
Ética del tasador
La ética profesional constituye un pilar central del ejercicio de la valuación. Esta competencia implica conocer y aplicar los principios de integridad, objetividad, independencia y competencia profesional, evitando conflictos de interés y asegurando la transparencia en todo el proceso valuatorio. La actuación del tasador debe regirse por el interés público y por el respeto a las normas y estándares profesionales vigentes.
Además, la ética del tasador se extiende a la responsabilidad en la comunicación de resultados, la custodia de la información y el trato con los clientes y terceros. Un comportamiento ético sostenido refuerza la confianza del mercado y contribuye al prestigio de la profesión valuatoria como disciplina técnica y socialmente relevante.
Ordenación del territorio y Urbanismo
La ordenación del territorio y, específicamente el urbanismo, no suelen tener un comportamiento homogéneo en Iberoamérica; a pesar de la potencialidad social y económica que presentan estas disciplinas. Por lo tanto, el valuador ha de acomodarse a las realidades (plurales) que en cada caso encuentre, sin obviar su referenciación.
Un proceso político, técnico y administrativo destinado a planificar y gestionar el desarrollo físico de un territorio para lograr un uso más racional, sostenible y equilibrado de sus recursos, obviamente influye en el valor presente y futuro del bien.
Cuando se planifica se identifican las actividades a desarrollar en los diferentes suelos (agrario, urbano, industrial, …); así como sus posibles restricciones y obligaciones del titular, atendiendo a las aptitudes del terreno y al deseado equilibrio entre el crecimiento económico, la protección ambiental y la inclusión social. Se busca un desarrollo socioeconómico sostenible garantizando el acceso a infraestructuras y servicios, a la vez que se fomenta un desarrollo equitativo y justo (entre otros el tributario a través de los Catastros).
Parámetros instalaciones agro-energéticas en suelo rural a considerar en Valuación
Básicamente centrada en el suelo de naturaleza rural o rústica, estas actividades, en ocasiones complementarias con la explotación agraria, están generalizándose en muchos espacios, aportando rentas complementarias que han de considerarse pues el mercado las reconoce, con lo que influyen en el valor de aquellas.
Su valoración requiere, en ocasiones, de un equipo pluridisciplinar pues han de abordar contenidos relacionados con las siguientes materias, con lo que el esfuerzo en capacitación y experimentación ha de reforzarse:
En el caso de instalaciones agroenergéticas, por ejemplo: capacidad instalada (MW, toneladas/día), rendimiento energético agrícola, tecnología utilizada, disponibilidad y logística de materia prima, vida útil de equipos e inversión de reposición, etc. En el de canteras a cielo abierto: el volumen de reservas certificadas, el plan de explotación y producción anual, la calidad de materiales, los costos operativos (OPEX) y maquinaria, las actuaciones ambientales, etc. Y en otras infraestructuras (viales, hidráulicas, …), su estado actual, las inversiones realizadas y los costes de mantenimientos, existencia de concesiones, flujos de caja, etc
Procedimientos expropiatorios y valoración
El valuador ha de conocer el marco técnico-administrativo a seguir en un procedimiento expropiatorio, que salvo algunas peculiaridades locales presenta un perfil relativamente homogéneo en Iberoamérica.
A través de un proceso técnico calcular la justa indemnización que debería recibir el expropiado de parte de la entidad beneficiaria, siguiendo el procedimiento técnico que esté establecido normativamente o, en su caso, aquel que mejor se ajuste a la finalidad prevista. Ha de postular no solo el valor de los bienes y derechos que pudieran verse afectados directamente, sino también los daños y perjuicios, el lucro cesante y los daños emergentes, que se produzcan, intentando que no haya enriquecimiento ni empobrecimiento de las partes
Registros inmobiliarios: de la Propiedad, Catastro, etc.
Han de conocer los objetivos y utilidades (ciertas) de estos dos registros inmobiliarios de existencia generalizada en toda Iberoamérica.
Aunque con documentación dispar y adscripciones diversas, su existencia en una constante y son la referencia administrativa (Catastros) y jurídica (Propiedad), de toda actuación que se gestione sobre el territorio, en última instancia sobre el inmueble/finca, que es la tesela de trabajo de todo valuador.
Valuación inmobiliaria
El valuador certificado ha de conocer en profundidad y aplicar con rigor los métodos y desarrollos técnicos aceptados, con el auxilio de las tecnologías más adecuadas a cada caso. En su caso siguiendo su leal saber y entender, mientras que en los reglamentados han de seguir el proceso previsto en las normativas vigentes.
Ha de realizar valoraciones de suelos urbanos, edificaciones, explotaciones agropecuarias, maquinaria y equipos, infraestructuras adscritas a estos usos, atendiendo a planes de desarrollo, parámetros urbanísticos, aptitudes y potencialidades de suelos, productividades, etc.
Complementariamente ha de ser capaz de realizar análisis críticos de informes de valoración elaborados por terceros, verificando su rigor metodológico, consistencia técnica, validez de datos y cumplimiento de normativas vigentes. Para ello empleará su experiencias y conocimientos y, en su caso, los protocolos de revisión previstos para asegurar la trazabilidad y calidad del proceso